Wednesday, December 09, 2009

El misterio que atrapa la lectura

5:30, no amanece del todo, reviso correspondencia y abro un telegrama que desde hace dos días está sobre el escritorio. Urgente dice el sobre...
Devoré a algunos autores en los últimos días. Mamá decía: no leas en la mesa mientras comes. Opinaba que uno podia volverse loco de tanto leer. Para mí, sigue siendo un recreo.
Me gustó —en especial— Temporada de caza para el león negro de Tryno Maldonado, pero no me pregunten por qué. La estructura sorprende, deja la duda si es error o intencional la repetición de textos y páginas.

Asomarme al FB resulta exagerado a esta hora.

Algunos buenos textos lo escribo por la mañana, con la mente despejada, más lúcida, por eso decido empezar la lectura de una novela, larga para mi tiempo disponible (casi 400 hojas) Después de una hora me defrauda o quizá este enganchada al contenido del telegrama, pero no, dentro de esa urgencia no hay tragedias, es lo único que me abismaría. Encuentro para mi gusto, la poesía que se pretende, sin el toque mágico que tiene la poesía de mis preferencias. La trama del thriller es desmembrada. Caótica. Ilógica. Producto de algún desvarío. En realidad la muerte lo es. Eso y más.
El Yo lector eso piensa mientras leo buscando pies y cabeza, sin encontrarlos. Quizá este demasiado abrumada por el Callejón de los castrados. Prometo para mis adentros, volver a leer esa novela, otro día cualquiera, sin telegramas urgentes, quizá una tarde de llovizna o una noche de insomnio. En especial para evitar sentirme defraudada con una historia que prometía.
...la mujer descubre accidentalmente un cadáver castrado de un hombre joven. Me da... muchísimo... tendré que volver a empezar desde la primera hoja. Cuanto sea necesario, sin ventisca fuerte que se lleve una taza sin rumbo y sin sentido...

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