Friday, June 02, 2006

Espejismo

En pueblo quieto, lugar desértico de escasas viviendas de madera, perdido en las despobladas distancias del territorio del estado de Sonora, donde la resolana envuelve mentes y las hace suyas, las enajena, un buen día coincidieron dos amigos que se encontraron con motivo del servicio Médico comunitario, que realizarían para el Centro de Salud.
El amenazante tedio, después de varios días les hizo preguntar a los nativos sobre que hacer para lograr esparcimiento ¿en dónde podrían encontrar un poco de recreo en ese impío desierto? para procurarse más llevadera la estadía.
Tenemos el Río, -les dijeron- como a tres kilómetros, es algo inusitado, es una zona con un paradero, que aunque no tiene luz y reina el silencio, sobre todo en la noche, es un agasajo ese manto celeste repleto de estrellas. Un oasis.
Tardaron en ir, a causa del trabajo, pero en cuanto pudieron se encaminaron hasta el famoso Río. Era de noche y no encontraron nada. Volvieron durante el día, pero fue igual.
Como a los dos meses de resistir ese verano despiadado, casi al atardecer, se encaminaron por insistencias de los lugareños a aquel sitio. Sobre todo porque no tenían nada que hacer; disfrutarían la tarde libre de trabajo.
Uno de ellos, el más joven, piel color de bronce, provenía de Puerto Vallarta, lugar paradisíaco, de dadivoso verdor, y el océano que encanta. Los atardeceres, ¡cuanto los extrañaba!
Otro, de Ensenada la Bella, de azules mares y suaves caricias, agasajos de brisa sobre la piel. ¡Que contraste con esa aridez!
Llegaron a ese sitio arenoso y seco, buscando al famoso y a estas alturas anhelado Río, por el que eventualmente corrió alguna vez agua, en una época en que llovió demasiado y que esa lluvia formaría una especie de riachuelo, donde crecieron extraordinariamente dos pirules, frente a un cielo en el que se desdibujaba por la oscuridad,una pequeña y frontal montaña. Surcada a veces por el volar quimérico de aves de canto excelso.
A pesar de que a paso lento caía la tarde, y se iba ocultando el despiadado sol, les dejaría a los amigos la borrachera de sus implacables rayos en las sienes. Vorágine solar.
Exhalaron entonces suspiros cada uno de ellos, añorando rumores de mar y azules de una lejana Bahía, y por el Río que finalmente descubrían.
¡Ahí está! - gritaron-.
Cuando transcurrió lo que parecia ser un largo tiempo, ya habituados a la contemplación, se les reveló la alegría del prodigio; y también lo vieron. Ahí estaba el Río, la montaña y los dos pirules.
Pero el Río y el paisaje no era otra cosa que espejismo en el desierto.
Ú-n-i-c-a-m-e-n-t-e e-l d-e-s-i-e-r-t-o.


Para Ricardo Bonilla

2 comments:

Trini said...

A fuerza de esperar, a fuerza de desear, terminaron viendo lo que tanto desearon ver...


Besos muchos

Peggy Bonilla said...

Igual muchos besos para ti Trini