Friday, June 18, 2010

Encuentro con Diego Flores Magón


!Que bonitos nombres! Galia, Diego.
Los conocí apenas; son jóvenes como los que necesita nuestro México. Trabajadores, pensantes, comprometidos en la tarea de vivir.
Había llovido y el olor de la humedad reciente, los alegres árboles de la acera de su casa, me provocaron aspirar hondo. El piso de la calle, húmedo, cómplice de la lentitud del paso de los parroquianos hacia los numerosos cafecitos en las banquetas, todo es significante colorido de un encuentro.
Nos abrazamos sin conocernos. Grato, muy grato. No los sentí ajenos. Yo, tras la huella de la revolución mexicana en sus inicios...
De la línea familiar consanguínea paterna de los revolucionarios Jesús, Ricardo y Enrique Flores Magón. El joven Diego, con un interesante Proyecto para perpetuar la memoria de su bisabuelo Enrique.
El edificio del Periódico El Auizote.
Revolucionarios, idealistas, intelectuales, periodistas incorruptos. En el ejercicio político, como fue el caso del mayor de los tres hermanos, Jesús, miembro del Gabinete de Francisco I, Madero.
En especial me ocupa un personaje, María Broussé, zacatecana (y por ende paisana) cercana al corazón de Ricardo Flores Magón. La encuentro... dice Diego que es una imponente figura, crecida ante el dolor de perder a su Ricardo. A punto de abordar el tren rumbo a la Rotonda de los ilustres, que transporta desde Leavenworth, Estados Unidos, los restos del idealista, —como le gustaba autonombrarse— y que, a más de noventa años de su muerte, ha hecho vibrar mi corazón... es una historia de pasión y de amor...
Pasión por México. Amor a si mismos.