Saturday, July 21, 2007

Margarita Ortega, liberal de Baja California

Es difícil seguir paso a paso la acción de los compañeros que en México luchan por encauzar el movimiento revolucionario hacia el comunismo anárquico. No hay que contar con vías de fácil comunicación: las líneas del ferrocarril están destruidas; los puentes han sido volados; en los pasos de las montañas vigilan por igual soldados huertistas como soldados carrancistas, libertarios y zapatistas o gente armada de cualquier de cualquier otra facción. Aparte de todo esto las contingencias de la lucha obligan a las diferentes fuerzas combatientes a cambiar de posiciones, a cortar las comunicaciones telegráficas o guarnecerse en el corazón de las montañas y de los bosques.

Por todas estas razones llegan muy retrazadas las noticias, cuando llegar pueden, pues, con frecuencia los mensajeros son fusilados antes de llegar a su destino, o de cualquier otra manera se ven imposibilitados de llevar a cabo su empresa. No es de estrañar, que tan tarde hayamos podido comprobar la muerte de la grande anarquista que en vida se llamó Margarita Ortega.

Esta mujer extraordinaria era miembro del Partido del Partido Liberal Mexicano cuyos ideales comunistas-anarquistas propagaban por medio de la palabra y la acción. En 1911 Margarita fue el lazo de unión entre los elementos combatientes del Partido Liberal Mexicano en Baja California. Hábil jinete y experta en el manejo de armas de fuego, Margarita atravesaba las líneas enemigas y conducía armas, parque, dinamita, lo que se necesitaba, a los compañeros en el campo de la acción. Más de una vez su arrojo y su sangre fría la salvaron de caer en las garras de las fuerzas de la tiranía. Margarita Ortega tenía un gran corazón desde su caballo o detrás de un peñasco, podía tener a raya a los soldados del gobierno, y poco después podíase verla cuidando a los heridos, alimentando a los convalecientes o prodigando palabras de consuelo a las viudas y a los huérfanos. Apóstol, guerrera, enfermera, todo a la vez era esta mujer excepcional. Ella no podía ver con tranquilidad que alguien sufriese en su presencia y a muchos les consta cómo ella se quitó de la boca un pedazo de pan dárselo al que tenía hambre.

Mujer de exquisitos sentimientos, amaba entrañablemente a su familia; pero su familia estaba compuesta por personas inconsecuentes, de burgueses y proletarios aspirantes a ser burgueses, y estas personas nunca pudieron comprender cómo una mujer dotada de extraordinario talento, de tan inagotable energía, y que poseía sustanciosos bienes de fortuna, pudiera hacer causa común con los desheredados, y por este motivo la odiaban, la odiaban como odian los corazones vulgares a los espíritus nobles y puros que constituyen un obstáculo a sus mezquinas ambiciones.

Margarita contaba con bienes de fortuna que le hubieran bastado para pasarse una vida regalona y ociosa; pero ella no podía gozar de la vida, cuando sabía bien que había millones de seres humanos que luchaban penosamente por ganar sus subsistencia. Con la energía que solamente se halla en personas convencidas, Margarita dijo en el mismo año de 1911, a su inconsciente compañero: "Yo te amo, pero amo también a todos los que sufren y por los cuales lucho y arriesgo mi vida. No quiero ver más hombres y mujeres dando su fuerza, su salud, su inteligencia, su porvenir para enriquecer a los burgueses, no quiero que por más tiempo haya hombres que manden a otros hombres, estoy resuelta a seguir luchando por la causa del Partido Liberal Mexicano, y si eres hombre vente conmigo a la campaña; de lo contrario olvídame pues yo no quiero ser la compañera de un cobarde" Las personas que presenciaron esta escena aseguran que el cobarde no quiso seguirla, entonces dirigiéndose Margarita a su hija Rosaura Gortari, le habló en estos términos: "¿Y tú hija mía, estas resuelta a seguirme o a quedarte con la familia?" a lo que respondió la otra heroína; "¿Yo separarme de ti mamá?" ¡Eso nunca! ¡Ensillemos los caballos y lancémonos a la lucha por la redención de la clase trabajadora!".

Al alcanzar el poder el maderismo fueron expulsadas Margarita y Rosaura de Mexicali, por órdenes de Rodolfo Gallegos.

Para hacer más penosa la situación de las mártires, Gallegos ordenó que se les encaminara al desierto y se les hiciera marchar por los arenales inmensos, bajo un sol abrasador, sin agua, sin alimentos y a pie, con la advertencia de ser pasadas por las armas si volvían al pueblo. Por espacio de varios días se arrastraron las pobres víctimas del sistema capitalista sobre los ardientes arenales. La sed las devoraba; el hambre las hacia desfallecer. Ni un viajero que les prestara ayuda, ni un arrollo que calmase su sed. Rosaura decaída visiblemente haciendo más triste la situación de Margarita. Por fin a pesar de su extraordinaria energía, Rosaura sufrió un desmayo, cayó por tierra y cerró los ojos... Margarita creyó que la hija de su corazón había muerto y, loca de dolor, trató de suicidarse; pero al aplicarse el revolver en la cabeza vio que su hija la miraba y turbada por la emoción, corrió en busca de agua que dar a la paciente. Afortunadamente esta vez sí la consiguió.

Llegaron a Yuma, Estados Unidos, y allí fue arrestada Margarita por los inspectores de inmigración. Una mujer como Margarita, honra de la humanidad, espléndido ejemplar de la raza humana, no podía residir en ese país de la vulgaridad y de la estupidez. Para que una persona entre a los Estados Unidos necesita creer en la ley y la autoridad. Libertaria Margarita, conforme a las imbéciles leyes de los Estados Unidos no podía ser admitida, y tenía que ser deportada a México, gracias a los buenos servicios de excelentes camaradas Margarita logró escapar de las garras de los inspectores de inmigración y con Rosaura fue a refugiarse a Phoenix, Arizona, donde adoptó el nombre de María Valdés, para despistar a los esbirros. Rosaura adopto el nombre de Josefina.

Rosaura quedó enferma a consecuencia de las penalidades sufridas en el desierto, y todo su anhelo era volver a México, pero con las armas en la mano, para morir luchando por Tierra y Libertad. Ella no quería morir en la cama sino en el campo de batalla, cambiando vida por vida, y cuando ya la enfermedad se agravó hasta el extremo de permitirle abandonar el lecho, decía a Margarita: "Mamá no quiero morir aquí; llévame a la calle, en donde se reúnen los trabajadores mexicanos. Quiero morir en medio de ellos, de mis hermanos, hablándoles de sus derechos como productores de la riqueza social." Poco después moría la dulce niña sin arrepentirse de haber dejado las comodidades de la vida burguesa, por la vida agitada, llena de peligros y de miserias de los verdaderos revolucionarios.

Margarita quedo sola, su hija y compañera de lucha no compartiría más con ella las penalidades, los sinsabores, las miserias que son el premio de de luchadores sinceros; pero no por eso dejó de trabajar en el empeño de siempre la noble sembradora de ideales. Con el compañero Natividad Cortés emprendió la tarea de organizar el movimiento revolucionario en el norte de Sonora, teniendo como base de operaciones el pueblecillo de sonoyta, de dicho estado. Esto ocurría en octubre del año pasado. Ambos compañeros trabajaron con ardor, poniendo de acuerdo a los compañeros que residen en territorio mexicano, cuando Rodolfo Gallegos, que esta vez era carrancista y tenía la misión conferida por su amo de cuidar la frontera, tropezó con ellos de casualidad. El compañero Natividad Cortés fue fusilado en el acto, y Margarita llevada presa hasta Baja California, donde Gallegos mandó dejarla en un lugar en el que forzosamente tenía que ser vista y aprehendida por los huertistas dejando de esta manera a éstos la tarea de asesinarla.

Margarita fue arrestada el 20 de noviembre del año pasado, cerca de Mexicali, por los huertistas, y puesta en un calabozo con centinela de vista. Los felones que la dragonean de autoridades abuzaron del ingenio para martirizarla. No tuvo miedo de confesar que era miembro del Partido Liberal Mexicano, y que por lo mismo, luchaba contra la hidra de tres cabezas: autoridad, capital, clero; pero no delato a ninguno de los compañeros que estaban de acuerdo con ella para lanzar el grito de Tierra Y Libertad en el norte del estado de Sonora. Entonces se le sujetó a tortura, como en los negros tiempos de la inquisición. Sus cobardes verdugos la querían obligar a que descubriera a sus compañeros que estaban comprometidos a rebelarse; pero todos los esfuerzos se estrellaron contra la voluntad de bronce de la admirable mujer. "¡Cobardes -gritaba- haced pedazos mi carne, resquebrajad mis huesos, bebeos toda mi sangre, que jamás denunciare a mis amigos!"

Entonces los sicarios de la tiranía la condenaron a estar en pie de día y noche, en medio del calabozo, sin permitirle sentarse o apoyarse contra la pared. Rendida por el cansancio a veces vacilaba y tenía que apoyarse en el centinela que la vigilaba: un empeñón y un puntapié la ponían en medio del calabozo. Otras veces caía por el suelo, desfallecida y agotada por tanto sufrimiento: a culatazos se le hacia ponerse nuevamente de pie.

Cuatro días con sus noches duró este suplicio, hasta que las autoridades de Mexicali la sacaron del calabozo el 24 de noviembre para fusilarla. Se formó el cuadro de la ejecución en un lugar desierto, por la noche para que nadie se enterara del atentado. Margarita sonreía. Los verdugos temblaban. Las estrellas titilaban como si forcejarán por descender para coronar la cabeza de la mártir.

Una descarga cerrada hizo rodar por tierra, sin vida, a la noble mujer, cuya existencia ejemplar debe servirnos de estímulo a los desheredados para redoblar nuestros esfuerzos contra la explotación y la tiranía.

Ricardo Flores Magón

Regeneración, 13 de junio de 1914.

2 comments:

Miriam Jaramillo said...

Que extraordinaria la vida de Margarita.Gracias por compartirla.Felicidades.

Hey you LG said...

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